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En el año 2010 murieron 355 madres, al igual que en los últimos 20 años, y
el año que viene también. Las embarazadas tienen control prenatal, los
partos son institucionales (98,7%), son asistidas por profesionales
entrenados (médico o partera: 95%), sin embargo estos indicadores no
permiten ser optimistas. Para brindar cuidados adecuados no alcanza con
tener un hospital con profesionales entrenados, sino que requiere un
entorno conductor, al que lleguen suministros adecuados y oportunos, con
una asistencia de calidad, supervisión y facilidades de derivación. Más
del 60% de las maternidades públicas no reúnen las condiciones esenciales
para asegurar la asistencia obstétrica y neonatal.
No hay información adecuada sobre los cuidados posparto, a pesar de que es
en este período donde ocurre la mayoría de las muertes maternas y muchas
muertes neonatales. Es posible que la mujer no concurra a controles
posparto porque no sepa que debe hacerlo, no recibe ningún beneficio en
buscar asistencia luego del nacimiento o los costos de hacerlo son
elevados (La asignación por embarazo para protección social no alcanza al
puerperio). Se requiere fortalecer y apoyar al Programa Nacional de Salud
Sexual y Procreación Responsable para mantener la capacitación y provisión
de insumos en esta etapa del proceso reproductivo.
El cociente entre la provincia con mortalidad infantil más alta (Formosa:
17,8 por mil) y la más baja (CABA o La Pampa: 7 por mil) es de 2,5. Si se
hace este cálculo con mortalidad materna, el cociente entre la más alta
(Formosa: 16,2 por diez mil) y la más baja (CABA o Río Negro: 0,9 por diez
mil) es 18. Esto refleja una muy fuerte evidencia de inequidad en el
riesgo de muerte materna entre provincias. Independientemente del grado de
desarrollo de sus sistemas de salud, las provincias más pobres y más
ruralizadas son las que mayor apoyo requieren.
Argentina no alcanzará los Objetivos del Milenio con los que se
comprometió. En la actualidad, las madres más pobres de este país (25% de
la población. La Nación, editorial 27/1/12) no están recibiendo la
amplitud de cuidados que necesitan para evitar la mayoría de los riesgos
de muerte materna. Los requerimientos de pequeñas maternidades en áreas
remotas y aisladas, son totalmente diferentes de las maternidades del
conurbano o de las grandes ciudades. El tamaño (número de camas o de
nacimientos) de una maternidad no es el punto central, sino la
organización que garantiza seguridad y calidad. Parecería haber conflicto
entre la necesidad de dar cuidados de obstetricia próximos al domicilio de
la paciente y la necesidad de asegurar la asistencia por profesionales
capacitados y con infraestructura suficiente para dar protección en todas
las eventualidades. Las primigestas requieren alguna intervención médica
en un 30% de los casos. Si bien la mayoría de los embarazos y partos son
normales, se requiere una reorganización de la actual configuración de los
servicios. Dada la heterogeneidad del financiamiento y dependencia de los
servicios, no puede proponerse un modelo único.
Si se implementara un paquete completo de cuidados para el primer nivel de
atención y un sistema de derivación adecuado, podrían lograrse avances. No
se necesita de nuevas tecnologías o nuevos conocimientos sino políticas
que permitan realizar intervenciones efectivas. El desafío es equipar con
profesionales a quienes se les brinde capacitación continua (estos son los
que determinan la performance del sistema), una infraestructura adecuada,
suministros y fármacos, y sobre todo un proceso organizativo y un contexto
político que defina el paquete de cuidados que se brindaran en todas las
maternidades públicas, especialmente aquellas a las que concurren las
mujeres más vulnerables, las marginadas y excluidas de acceder a los
servicios obstétricos esenciales. Los servicios deben responder
adecuadamente a sus necesidades, brindar cuidados y dar protección
financiera para enfrentar las consecuencias de las complicaciones. Se
deben fortalecer los incentivos salariales para los obstetras y parteras
que asisten en esos servicios; se deben dar premios por presentismo,
fortalecer la moral y mejorar las condiciones de trabajo al equipo de
salud de esas instituciones.
Hay que remontar una infraestructura deteriorada, asegurar la provisión de
suministros y fármacos, mejorar estándares de cuidados, garantizar un
sistema de transporte y de derivaciones que asegure la disponibilidad de
servicios de calidad las 24 hs. para emergencias obstétricas, sobre todo
en las provincias con sistemas de salud más débiles. La tarea es política,
las madres no pueden estar reducidas a un conjunto de programas destinados
a una población objetivo. La alternativa significa políticas de salud en
un nivel macro y movilización de recursos a nivel provincial y nacional.
Estas políticas exigen rapidez y visibilidad de resultados, participación
de las sociedades científicas y de obstetras en el más alto nivel de
conducción. El problema de la mortalidad materna es mucho más político y
organizativo que técnico. Pedimos ayuda para cambiar esta realidad.
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