“La
dignidad del médico”
La Academia Nacional de
Medicina observa con creciente preocupación el paulatino deterioro del ámbito
laboral, la retribución económica y el reconocimiento del médico que afectan la
dignidad del ejercicio profesional.
Cuando se habla de
dignidad humana, se habla de un valor intrínseco y personal que le
corresponde al hombre en razón de su ser.
La dignidad está
vinculada muy especialmente con las nociones de valor moral y de virtud. En el
caso del médico, el concepto de dignidad ha estado desde siempre unido al del
correcto ejercicio profesional. No cabe duda de que como integrante de la
comunidad, el médico participa de los avatares propios de los cambios
socioculturales y económicos de la sociedad en su conjunto y que conspiran en
contra de su formación y del ejercicio profesional. Es necesario que el médico
tenga la mayor posibilidad de actualización y perfeccionamiento lo que
redundará en un beneficio para el enfermo. En este sentido, se debe señalar que
solamente el treinta por ciento de los médicos que se gradúan por año en el
país tiene acceso a una Residencia, el sistema aceptado como el mejor en la
formación de posgrado.
Existe una absurda
relación del número de habitantes por médico en concordancia con la falta de políticas
de orientación profesional y de los mecanismos de selección universitarios
aptos para evaluar los recursos docentes con los que se cuenta y otorgar
una enseñanza con contenidos suficientes para ejercer la profesión, si
bien la ley de Educación Superior con la recomendación de implementar procesos
de garantía de calidad en educación médica, intenta asegurar que los futuros
profesionales obtendrían una adecuada formación, lo que, en muchas ocasiones,
no es posible alcanzar.
La plétora de médicos y
la presencia irregular de profesionales extranjeros favorecen la
aceptación de condiciones laborales en lugares sin instalaciones adecuadas en
donde los enfermos son atendidos sin el tiempo necesario para cada consulta,
por lo que el médico no obtiene el afecto de sus pacientes; la compensación
económica es magra y la resultante es la frustración y una actividad que
requiere un esfuerzo extenuante, en donde los honorarios médicos se han
convertido en la variable de ajuste económico de una medicina altamente
tecnificada y costosa.
En general, pocas
empresas de servicios médicos incluyen la inversión en recursos genuinos de
salud y no incorporan en los niveles de decisión a profesionales médicos que
puedan intervenir para lograr equidad en la distribución y asignación de los
recursos.
Los Centros
Asistenciales deben privilegiar el ingreso por
selección rigurosa, de profesionales certificados y disponer de Comités
de Ética, Docencia e Investigación y Seguridad del paciente, lo que
garantizaría una mejor atención médica.
Todo médico debe contar
con la posibilidad de la objeción de conciencia de acuerdo con las leyes de la
Ética y sus creencias.
Es necesario que se
promueva una política de respeto a la profesión que desaliente el acoso legal y
la preocupante violencia en sus distintas formas a las cuales el médico
lamentablemente está expuesto. Para esto es importante contar con una defensa
gremial adecuada.
Se requiere asimismo
contar con una cobertura social y legal y una jubilación suficiente para una
vida digna en el momento del retiro.
La comunidad toda debe
reconocer que el médico es el nexo lógico en el avance del conocimiento, la
tremenda evolución científica tecnológica y su salud. Por lo tanto se trata de
un agente de máxima responsabilidad. Siendo ello así, el médico merece ser
considerado como una persona digna, obtener una retribución justa y el debido
respeto.
En el marco de su
competencia la Academia Nacional de Medicina asume su responsabilidad en
extremar sus esfuerzos para revertir la situación anteriormente descripta.